domingo, 24 de abril de 2016

En pie de guerra.(Crisis del Caldas, parte I)

           


 La Crisis del Caldas.
            Se ha escrito con anterioridad del tema, sin embargo en lo personal no deja de ser una vivencia muy intensa y aleccionadora donde se sintió lo humano, lo profesional, la unidad de mando, propósitos claros, y como nunca una cohesión nacional que se vivía especialmente en la Ciudad de Punto Fijo, Edo.Falcón como quizás nunca antes se había sentido en toda Venezuela.
           
          Recomiendo de cualquier forma los escritos didácticos preparados por el Capitán de Navío Asdrúbal Becerra Rivas donde explica con lujo de detalles los orígenes previos a la escalada, la escalada en sí y algunos eventos posteriores, amén de otros autores tanto extranjeros como nacionales, y entre los navales Blanco Carrero por ejm., que se dieron a la tarea histórica de recopilar información en ambos lados de la frontera.

            Ya habiendo hecho la corbeta colombiana “ Caldas” las primeras incursiones en el Golfo de Venezuela, y tras su encuentro con el patrullero Libertad” P14 se habían dado claras instrucciones en cuanto a los patrullajes a efectuar, las mismas se repetían en reuniones pre-zarpes, y la disposición alerta y alistamiento para entrar en combate eran cada vez más claras, siempre me sentí muy seguro en atención a que las armas bajo mi responsabilidad estaban listas  y en excelente estado de operatividad, habiendo realizado recientemente pruebas en caliente a máxima cadencia con excelentes resultados, me preocupaba el radar de tiro, pero el cañón disparaba a como diera lugar, siempre probábamos ciclos de carga tanto en puerto como navegando, a veces el Comandante me decía calma Teniente no todos los hombres tienen su aguante, de manera tal que estábamos altamente capacitados, entrenados y motivados para contribuir al esfuerzo que se estaba realizando.


          Todo el escuadrón de patrulleros se desplegó en áreas de patrullaje y retornábamos haciendo toques operacionales para reabastecernos de agua, alimentos y combustibles, en eventuales repuestos o reparaciones se sentía el equipo logístico de tierra y mantenimiento trabajando con una eficiencia tal que nos hacía sentir como una maquinaria invencible, incluso si había necesidad de adquirir algo en la ciudad, la solidaridad del común de la gente era impresionante, todos empujábamos el carro en una misma dirección.


            La ciudad de pronto se vio asediada por vuelos militares no acostumbrados , el sonido característico de los helicópteros se hizo común en apenas días, el despliegue de las baterías de Defensa antiaérea en el Complejo Refinador así como en la Base Naval Juan Crisóstomo Falcón denotaban a todas luces una inusitada actividad militar que no se podía ocultar , ya habían ocurrido pronunciamientos en la prensa amarillista colombiana donde nos decían peyorativamente “los hijos de perra están en pie de guerra”    

3 comentarios:

Bernardo Jurado dijo...

Nuestra generación fue bendecida...estar cerca del ambiente de la guerra fue crecedor para todos y nos hizo cambiar la perspectiva de la carrera naval, creo que hacia el ángulo correcto y profesional.

rcorrea55 dijo...

Se puede decir, sin duda, la generación de oro, mística, compañerismo, lealtad, vocación de servicio, fueron algunas de las características sobresalientes de esa gran generación... Difícil de encontrar en los actuales momentos en nuestra Armada...

Larisa Osorio dijo...

Cuan afortunados fueron! EL poder vivir esa experiencia personal, aunado al trabajo en equipo sin duda fue un gran modelador de caracteres y perspectivas.